Genes y Azadas, 15 de junio de 2005
Todos los años los granjeros que plantan maíz en Kenia pierden cerca del 15 por ciento de su cosecha debido al barrenador del tallo, un insecto que taladra el tallo del maíz. Los granjeros que pueden proporcionarlo, mojan su maíz repetidas veces con pesticidas, que contamina el ambiente. El barrenador del tallo y sus parientes roban el sustento de millones de pequeños granjeros. El año pasado por lo menos 125 kenianos, la mayoría de ellos niños, murieron al comer maíz con toxinas originadas por el barrenador del tallo.
La ayuda a puede estar por el camino de la manipulación genética. Kenia ha apenas comenzado los ensayos de un maíz idéntico a la variedad local pero llevan genes que aumentan su resistencia al borer del tallo. El proyecto, llevado a cabo por el programa de investigación agrícola, nacional y keniano y el Centro de Mejora de Trigo con sede en México, ( International Maize and Wheat Improvement Center) es una tentativa cuidadosa para probar cosechas genéticamente modificadas y hacerlas que trabajen para el pequeño granjero.
Mil millones de acres se plantan por todo el mundo en base a cosechas genéticamente modificadas.Ya, virtualmente toda la tierra pertenece a la agropecuaria. Esto es debido a que las compañías biotecnológicas crean semillas genéticamente modificadas que no se pueden volver a plantar; los granjeros que las utilizan les tienen que comprar las costosas semillas patentadas cada año. Para su subsistencia los granjeros necesitan ser capaces de replantar su propia cosecha de la semilla, pero para las compañías tales como Monsanto y Syngenta no encuentran ganancias en las semillas reciclables. Ellos tampoco tienen estímulo para crear versiones más fuertes para cosechas que subsistan, como la mandioca y las batatas, agropecuaria que no aumenta.
El proyecto del maíz de Kenia se moverá lentamente. La investigación tomará seis años más y costará $10 millones de dólares, que vendrá de la Rockefeller Foundation y la Syngenta Foundation for Sustainable Agriculture, que está separada de la compañía biotecnológica. Los investigadores deben persuadir también a las compañías biotecnológicas, que tienen las patentes, para dar a conocer la tecnología.
Es probable que el proyecto de Kenia obtenga el financiamiento y los permisos necesarios. Pero se necesitarán estudios similares en otra parte. Otros granjeros podrían, por ejemplo, querer un maíz resistente a la sequía. Desde que no hay estímulo de mercadotecnia, no sucederá sin ayuda de los gobiernos y fundaciones así como la cooperación de la biotecnología. El estudio de Kenia es un modelo de cómo hacerlo y una advertencia acerca de cuán difícil será adptar esta tecnología para los granjeros pobres.